

Waraira Repano, los titanes del horizonte ancestral
AUTOR: Gustavo Sulbaran, 2013
Descripción
Mucho antes de que Caracas se convirtiera en la capital de Venezuela, el Waraira Repano ya se elevaba como un gigante sagrado entre la tierra y el mar. A sus pies habitaron pueblos indígenas como los toromaimas, vinculados al mundo cultural caribe, quienes conocieron sus montañas, quebradas y senderos mucho antes de que la ciudad comenzara a escribir su historia.
Desde sus cumbres, el horizonte guarda uno de los grandes misterios de nuestras navegaciones ancestrales. Las investigaciones arqueológicas de María Magdalena y Andrzej Antczak revelan que los antiguos navegantes de tradición ocumaroide y valencioide alcanzaron las islas de Los Roques siglos antes de la llegada europea. En días de extraordinaria claridad, aquellas islas pueden divisarse desde las alturas de la Cordillera de la Costa, como pequeñas promesas suspendidas entre el cielo y el mar.
El pico Naiguatá, el Pico Oriental y las alturas de Galipán se levantan como titanes de piedra. Podemos imaginarlos como antiguos observatorios, donde la mirada buscaba señales en las nubes, los vientos y el movimiento del horizonte. Quizás desde alguna de estas cumbres nació el deseo de alcanzar aquellas islas misteriosas, dando comienzo a travesías que hoy intentamos comprender.
Los petroglifos presentes en distintos lugares de la cordillera nos recuerdan que estas montañas también fueron territorio de expresión y memoria indígena. Sus símbolos permanecen como preguntas abiertas, testimonios de mundos espirituales cuyos significados seguimos investigando.
Hoy, a los pies del Waraira Repano, se extiende Caracas. La ciudad que nos vio nacer, crecer y soñar. La tierra desde la cual muchos partimos hacia otros horizontes, llevando en nuestra sangre y nuestra memoria una herencia construida durante generaciones.
Para quienes hemos emigrado, esta montaña adquiere un significado todavía más profundo. Es nuestra referencia, nuestro origen, el perfil inconfundible de una tierra que continúa viviendo dentro de nosotros. Así como los antiguos navegantes miraban hacia las islas prometidas, hoy muchos venezolanos miramos hacia nuevos destinos, guiados por la esperanza y por una memoria que viaja con nosotros.
El Waraira Repano sigue siendo nuestro gran guardián ancestral. Una montaña que une a quienes partieron por mar hace siglos con quienes hoy cruzamos océanos buscando nuevos horizontes. Cambian las embarcaciones, cambian los destinos, pero permanece ese hilo invisible que nos conecta con nuestra tierra.
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