La Ye’kwana, máquina del tiempo ancestral

AUTOR: Gustavo Sulbaran, 2016

Descripción
¿Puede una embarcación llevarnos miles de años hacia el pasado mientras navegamos hacia el futuro?
La Ye’kwana es nuestra máquina del tiempo ancestral. Una curiara de grandes dimensiones, concebida a partir de los conocimientos de navegación de los pueblos originarios de Venezuela, donde la madera, el agua y la fuerza humana se encuentran para desafiar el horizonte.
Su casco largo y estrecho, impulsado por el ritmo sincronizado de los remos, guarda el espíritu de aquellas embarcaciones que durante generaciones conectaron ríos, costas e islas del Caribe. Cada palada representa un encuentro entre dos mundos, el de nuestros antepasados y el de quienes hoy buscamos recuperar sus rutas.
En ella, el tiempo parece adquirir otra dimensión. La brújula señala nuestro destino, mientras la memoria ancestral nos recuerda de dónde venimos.
Durante la primera expedición Reto a las Islas Prometidas, La Ye’kwana partió al amanecer desde Caraballeda rumbo a Dos Mosquises, nuestra isla prometida, llevando a bordo una tripulación unida por una misma pregunta: ¿hasta dónde pudieron llegar nuestros ancestros navegando con la fuerza de sus brazos?


La Ye’kwana es una invitación a descubrir que el pasado continúa navegando entre nosotros.

Testimonio del autor:
La Ye’kwana, después de la tormenta

3 de octubre de 2016. Primera expedición Reto a las Islas Prometidas.
Aquel amanecer en el puerto de Caraballeda tenía una energía difícil de describir. Apenas unos días antes, el huracán Matthew había sacudido las aguas del Caribe, alcanzando la categoría 5, con vientos cercanos a los 270 kilómetros por hora. Para el día de nuestra partida continuaba siendo un poderoso huracán de categoría 4, mientras su trayectoria se alejaba hacia el norte.
La tormenta había marcado un punto de inflexión en nuestra expedición. Esperar, observar el comportamiento del mar y decidir el momento de zarpar formaban parte de aquel desafío. Finalmente, el 3 de octubre, La Ye’kwana emprendió su travesía desde Caraballeda rumbo a Dos Mosquises, nuestra isla prometida, en el archipiélago de Los Roques.
Desde nuestra lancha de apoyo contemplaba una escena extraordinaria. La inmensidad del cielo, las nubes extendidas sobre la cordillera de la costa y aquella curiara ancestral avanzando con la fuerza sincronizada de sus remeros. Era como si el mar estuviera abriendo un camino entre dos épocas.
Recuerdo aquel instante detrás de mi cámara. Busqué una perspectiva lateral que permitiera mostrar la dimensión de La Ye’kwana y la unión de su tripulación, mientras el contraluz del amanecer dibujaba las siluetas y los reflejos sobre el agua. La atmósfera conservaba una fuerza dramática que parecía acompañar nuestra partida.
Allí comprendí que estábamos viviendo algo que trascendía una expedición marítima. Una embarcación nacida del conocimiento ancestral se enfrentaba nuevamente al Caribe, siguiendo las huellas de aquellos navegantes que siglos atrás encontraron en las estrellas, los vientos y las corrientes sus caminos hacia las islas.


Después de la tormenta, nuestra máquina del tiempo ancestral comenzaba a navegar. El pasado despertaba con el amanecer y el horizonte nos invitaba a descubrir hasta dónde podía llevarnos la memoria de nuestros antepasados.

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